Explosiones de ricino

El puente de hierro que cruza el Guadalmedina junto a su desembocadura posee el bucolismo propio de las viejas estructuras ferroviarias que han sido absorbidas por el crecimiento de las ciudades: aún retienen una mínima porción del entorno rural en el que un día nacieron. De esta forma, las plantas silvestres flanquean los raíles igual que antaño, sobrevoladas por una miríada de insectos que zumban de flor en flor a pesar del agostamiento que empieza a asomar en sus hojas.

Pero quienes no estén familiarizados con el arbusto del ricino sentirán inquietud en esta época del año al oír unas pequeñas detonaciones: son sus semillas que están siendo liberadas de las cápsulas con brusquedad y lanzadas como proyectiles a distancias respetables. Y así transcurre la vida con quietud en este mundo aparte, sólo turbada por los ocasionales trenes de mercancías que por aquí circulan, rumbo al puerto.

  • Publicado en Diario SUR el 07/06/2020. Puedes leer el original aquí.